REVISTA CULTURAL DE LA ASOCIACIÓN "AMIGOS DEL PAISAJE DE VILLAVICIOSA"
PUEBLO EJEMPLAR DE ASTURIAS 1991
Año XII - Nº 28 - Septiembre 1996

Caveda y Covadonga: de la epopeya al rigor histórico

Mino Cifuentes Tuero

La obsesión por Covadonga se acentuó durante la Ilustración, pasando de lo religioso a lo nacional; evolución potenciada por el cambio de dinastía asentado tras una guerra civil entre las antiguas coronas de Castilla y Aragón. A lo largo del siglo XVIII el regalismo ilustrado de los intelectuales apoyó el centralismo borbónico, de manera similar a como la intelectualidad librepensadora del ochocientos se puso del lado cristino en las guerras carlistas, cuando conflictos latentes y nuevos surgieron en el norte de la península.

Jovellanos, como buen ilustrado, no fue ajeno a ello ni a la cuestión de Covadonga. Reese y Caso (1) ya comentaron el interés del prócer gijonés por la necesidad de la tragedia nacional como género literario. En la "Epístola a sus amigos salmantinos" emplaza a los poetas a cultivar la épica, dejando a un lado la poesía pastoril, proponiendo a Sagunto, Numancia, Pelayo, las victorias de Carlos I, la evangelización de América o la guerra de Sucesión como temas heroicos.

Covadonga ocupa un lugar destacado en la extensa obra de José Caveda. Su carta/comentario a Antonio Cavanilles sobre una novela histórica que éste planeaba escribir sobre Pelayo (1828), su poesía en asturiano sobre la batalla de Covadonga (1839) y, especialmente, su Examen Crítico de la restauración de la monarquía visigoda en el siglo VIII (1879), suponen un interés continuado a lo largo de su vida por este tema. Comienza analizando las cuestiones literarias, entrando luego de lleno, y con gran rigor, en los hechos históricos.


Dibujo del camarín
R. Franssinelli

Covadonga y la literatura

En su carta a Cavanilles vemos a Caveda tratando el mito desde un punto de vista literario, y de una manera tan minuciosa que no es de extrañar que su amigo desistiese de escribir la novela histórica, que con el tema de Pelayo se proponía llevar a la imprenta. Para Caveda, al igual que Jovellanos desde esta óptica, la invención prima sobre lo histórico (licencias poéticas). Pelayo ha de ser el héroe cristiano: "debe ofrecer en su persona el contraste de las virtudes cristianas y de las virtudes guerreras y esta gravedad sublime y esta melancolía moral desconocida de la antigüedad, cuyo origen está en el Evangelio mismo". Siguiendo al Tasso en su Jerusalén Libertada, a Milton en su Paraíso y a Voltaire en su Enrriada, Caveda propone a su amigo Cavanilles buscar "lo maravilloso del cristianismo".

Se puede establecer un análisis comparativo entre El Pelayo de Jovino y la propuesta de Caveda. Hay notables coincidencias y sutiles disensiones.

Por una parte coinciden en el protagonismo de Pelayo frente a la Virgen y al pueblo sublevado. El caudillo destacado sobre su tribu queda mucho mejor literariamente que el pueblo como protagonista. Este hecho, elemental, resulta de gran importancia para entender el mito de Covadonga.

Están de acuerdo, igualmente, en el paso a un segundo término de la intervención de lo sobrenatural, que en Jovellanos prácticamente no existe y en Caveda se plasma en algunos hechos concretos, mas como elemento literario. O el mismo tratamiento como poema que el villaviciosino propuso a Cavanilles, huyendo de la epopeya. Todo ello supone en los dos escritores un evidente recelo ante el tratamiento del mito de Covadonga y su poca ingenuidad ante él. Es más, en su afán potenciador del mito a través de la arquitectura mediante el proyecto de reconstrucción de Ventura Rodríguez, Jovellanos excluye a la santina (Reese):

"Día vendrá en que estos prodigios del arte y la naturaleza atraigan de nuevo allí la admiración de los pueblos, y en que disfrazada en devoción la curiosidad, resucite el muerto gusto de las antiguas peregrinaciones, y engendre una nueva especie de superstición, menos contraria a la ilustración de nuestros venideros" (2).

La coincidencia de personajes: Rogundo, el equivalente al Homulio de Caveda es godo, mientras que para éste es un príncipe indígena. Esto trasluce un mayor peso de lo astur en Caveda. Sin embargo en Jovino el protagonista de su obra es un Munuza godo y sus amores con Hormesinda, pues Pelayo tarda en aparecer en la escena.

La trama propuesta por Caveda resulta más compleja que la de Jovellanos, debido al género literario empleado. No obstante también tiene una escena en Gijón, lugar donde se emplaza El Pelayo, lo que indica su conocimiento por Caveda.

Caveda, algunos años más tarde, en su poema en bable sobre la batalla de Covadonga donde Pelayo es protagonista, sigue insistiendo en los mismos conceptos, más simplificados aquí, como la restauración de la monarquía goda y algunos de los episodios propuestos a Cavanilles: la proclamación de Pelayo sobre el escudo, la aparición de la cruz en el cielo, el ermitaño de la cueva, la intervención de lo sobrenatural, el héroe cristiano... desde una óptica más coincidente (no olvidemos el enfoque literario) con las fantasías del padre Carballo que después censurará en su Examen crítico.

Seccion del proyecto de Ventura Rodríguez para Covadonga, donde se puede apreciar la relación del nuevo templo con la cueva, la canalización del arroyo, la cipta de Pelayo, el templo cilíndrico y el transparente a través del cual se vería la gruta

Covadonga desde la historia

Pero es en su entendimiento de Covadonga como problema histórico, donde Caveda, saltando sobre le epopeya y el mito, resulta más novedoso. ¿Puede ser Caveda el impulsor del criticismo historicista sobre Covadonga?. Realmente el título de su obra "Examen crítico de la restauración de la monarquía visigoda en el siglo VIII" resulta revelador. Opinamos sinceramente que sí, a pesar de los ataques lanzados desde la heterodoxia. El cotejo de la carta a Cavanilles y del Examen crítico nos conducen en esa dirección; también resulta significativa la opinión de Lucien Barrau-Dihigo, tan censurado por el albornocismo ortodoxo, quien incluye a esta obra entre las mejores sobre Pelayo y Covadonga (3). Pero, igualmente en el título nos habla de su perspectiva de Covadonga como restauradora de la monarquía goda, decantándose por el "gran fondo de verdad que encierran los sucesos deCovadonga" (4).

En la Advertencia previa, Caveda habla de aplicar un método riguroso, huyendo de "creencias y tradiciones, ora acogidas sin examen, ora transformadas en una especie de dogma por los pueblos mismos, de suyo crédulos y siempre amigos de lo maravilloso. Así es como la poesía y la historia, la fábula y la verdad se aúnan en la infancia de las sociedades para mecer su cuna entre ilusiones y realidades, confundiendo los arranques de la inspiración con los resultados de la crítica, y el entusiasmo que delira con el razonamiento que investiga y analiza" (5). Coteja los escritos arábes con las fuentes cristianas y crítica a los eruditos del setecientos, dejando claro que su propia aportación no es definitiva.

Divide su Examen crítico en los siguientes apartados: análisis de la cronología, los lugares, las personas y los sucesos, terminando con una relación del reino asturiano creado por Pelayo como continuación de la monarquía visigoda.

* Respecto a la cronología, critica a los escritores del siglo XVIII (Pellicer, Noguera y Masdeu) quienes fijaban los hechos de Covadonga en el 754 y no el año 718 como tradicionalmente se aceptaba. Basa su crítica en la consonancia de los cronicones cristianos con los de los árabes, en cuestiones epigráficas, la modificación sucesiva que esta novedad implicaba en la cronología de los reyes asturianos y en la existencia de numerosos documentos escritos que la corroboran.

* Los lugares. Caveda describe el lugar de Covadonga de manera romántica, citando a Jovellanos que también hace una descripción fantástica del lugar. "Allí cada sitio encierra una memoria querida de los buenos; cada peñasco es un baluarte; cada angostura la tumba de un héroe; cada eco de la montaña una voz misteriosa que, resonando todavía al través de los siglos, expira en la soledad como el último rumor de la victoria" (6). El paisaje es para Caveda un elemento histórico y literario. Realiza comprobaciones toponímicas de los hechos históricos, pues piensa que en las identidades de los lugares de las crónicas con la actual toponimia, la historia encontrará siempre un firme apoyo. Por ello atiende también, con las debidas cautelas, a las tradiciones populares. La misma existencia de la cueva le resulta un comprobante de la existencia de los hechos.

* Las personas. Caveda se inclina (con prudencia) por un Pelayo godo, nombrado rey antes de Covadonga y probablemente nieto del rey Recesvinto. Por otro lado, trata de argumentar una imagen digna a la retirada de los godos a Asturias, aunque considera que también se retiraron a la Septimania Gótica y a la Marca Hispánica, e incluso hubo quienes colaboraron con los agarenos, seguidores de Witiza y el conde D. Julián. Los indígenas astures son presentados como un pueblo totalmente romanizado. En cuanto al berberisco Munuza, caudillo de los moros y gobernador de Gijón, niega sus amores con Hormesinda, la hermana de Pelayo, "a quien no el historiador sino el poeta dio el nombre". Atribuye la leyenda a una confusión del matrimonio de Munuza años más tarde, con la hija de Eudon, duque de Aquitania, tras su abandono de la causa árabe durante la guerra en Las Galias. En cuanto a otros personajes secundarios como D. Opas, el traidor arzobispo de Sevilla, lo supone en Covadonga, influido por la crónica del obispo Sebastián, a la que tiende a dar crédito. Respecto a Alkaman, el adalid del ejército mahometano en la batalla, siguiendo los códices árabes, se inclina por su actuación en la guerra de Aquitania, posterior al alzamiento de Pelayo, muriendo en el intento de conquista de la Galia Narbonense.

* En cuanto a los sucesos, Caveda comienza así ese apartado: "Como todos los grandes acontecimientos que determinan la suerte de los pueblos y les dan una existencia propia, la restauración de la monarquía Visigoda, tanto más sorprendente cuanto menos esperada, aparece hoy cual epopeya de los antiguos, llena de prodigios y con aquel carácter sublime que de buen grado le conceden por una parte la nacionalidad halagada y satisfecha, y por otra el entusiasmo que producen las acciones heroicas y el prestigio de los siglos, de suyo misteriosos, y avaros guardadores de arcanos y memorables ejemplos. Una verdad en el fondo; una ficción en las partes accesorias; he aquí los orígenes de las naciones más poderosas". Desaprueba la visión medieval de la intervención divina, relacionando la exaltación del sentimiento religioso y el orgullo nacional (castellanista en este caso), "siempre ocasionado a exagerar y encarecer, crece con el tiempo y conforme se alejan de nosostros los acontecimientos". Obviamente no cree en la intervención de la "santina".

Respecto a la importancia de la batalla, Caveda dice lo siguiente: "A nuestro juicio, tan apartados andan de la verdad los que por sobra de escepticismo sólo ven en la jornada de Covadonga la escaramuza y el triunfo de un guerrillero, como los que obcecados por el entusiamo y el amor a la patria agrandan fuera de toda medida las proporciones de este hecho de armas, considerándole como una de las batallas más célebres del mundo". Tras realizar una consideración sobre la escasa población árabe de aquel momento en España, y de los diversos frentes bélicos que éstos tenían abiertos, se decanta por una batalla cualitativamete significativa.

En relación a los prodigios, los conceptúa de origen tardomedieval afianzados durante el siglo XVII, como la aparición de una cruz roja surgida ante Pelayo en el cielo, que juzga similar a lo acontecido a Constantino. Igual opinión le parece el cataclismo del monte Amosa: "los sucesos de Covadonga, la victoria que asegura la libertad de un gran pueblo y echa los fundamentos de una poderosa monarquía, no necesitan de los arranques del entusiasmo, ni de allegadizo realces y peregrinas invenciones para ostentar toda su grandeza y constituir una de nuestras (asturianas) mayores glorias".

* Como final, Caveda hace un resumen de la creación de la monarquía asturiana surgida de Covadonga, donde muestra a Pelayo y a sus inmediatos sucesores tratando de afianzar el naciente reino, la nueva patria, contagiando "el entusiasmo, el espíritu de insurrección propagado a todas partes desde el Sella hasta los Pirineos". Para Caveda, la restauración de las instituciones godas no se realiza hasta cien años más tarde de la victoria de Pelayo, dada la inestabilidad anterior del pequeño reino asturiano. Es entonces cuando se restaura el orden godo del Estado, la unión de religión y política, el Fuero Juzgo, el ritual del palacio. Oviedo actúa como una nueva Toledo, donde se celebran concilios. La cultura está dirigida directamente por el rey, quien es elegido por la clase guerrera y propietaria. Esta restauración goda se irá perdiendo y desaparecerá en las monarquías leonesa y castellana. Con ellas llegará "el Setenario y las Partidas, la corona hereditaria, el tercer estado como uno de los estamentos llamados a las Cortes del reino para la formación de las leyes, la preponderancia de las ciudades y villas al amparo de sus fueros y carta-pueblas, la lengua de Castilla perfeccionada y sucesora de la latina en todos los documentos oficiales, acaban al fin por dar a la monarquía erigida en Covadonga una fisonomía propia y la nacionalidad española, que desde entonces la distingue, y que el tiempo perfecciona y acrisola".

Conclusiones

En la cuestión de Covadonga vemos a nuestro polígrafo dar pruebas de erudición y sensatez, propiedades que quizás sean las más definidoras de su amplísimo quehacer intelectual. Moderación que le lleva a considerar sus hipótesis siempre como provisionales, dependiendo de la posterior aparición de nuevos datos.

Existe una notable estabilidad del pensamiento de Caveda y Nava sobre Covadonga a lo largo del tiempo. En la carta a Cavanilles ya le transmite su idea de que la monarquía asturiana y los primeros reyes leoneses eran monarquías góticas, su incredulidad ante apariciones y prodigios, y la diferencia entre historia e invención.

Caveda no van tan allá como Jovellanos en la manipulación del mito. Jovino fue impulsor como hemos visto, de una nueva superstición sobre Covadonga, por muy ilustrada que esta fuera. Para Caveda Covadonga es más una mirada hacia atrás, hacia la restauración del orden godo, que hacia la reconquista y la formación de España, cuyos pasos esenciales los ve más ligados al reinos leonés y castellano.

Este punto de vista, este predominio en su pensamiento de la restauración goda frente a reconquista castellana o española, puede estar el motivo del relativo olvido que la obra de Caveda tiene en estudiosos posteriores, especialmente entre los ortodoxos. Constantino Cabal lo cita poco, demasiado empeñado en su cruzada contra Somoza. Claudio Sánchez-Albornoz sigue en sus obras otros derroteros. Del otro lado, su mala fama en la heterodoxia parece venir más por desconocimiento de alguno de sus escritos que han visto la luz recientemente, pues hasta entonces no se podía separar en su pensamiento lo literario de lo histórico, situación que la publicación de la carta a Cavanilles ha venido a despejar.

Dibujo de Martín Rico publicado en 1.857. SE aprecia el basamento del templo de Ventura Rodríguez, único elemento que se llegó a construir.

Epílogo universalista

Quizás lo universal de Asturias esté más cerca del encuentro diario de nuestra tierra con la naturaleza -tan deslumbrante a cada paso- y no en la manipulada (por mítica) épica literaria y política de Covadonga. Gregorio Marañón en su Elogio y nostalgia de Toledo respondía de esta manera a un lector anónimo que lo instaba a escribir de temas universales: tras delimitar a la humanidad como una porción mínima del Universo, recuerda la dimensión no sólo geográfica de ésta, sino también la histórica. "Llamamos petulantemente universal a lo que interesa a unas cuantas mentes de hoy, que, por arbitraria autoiniciativa se suponen así mismas representativas de la humanidad entera. Mas sólo lo que nace con la modestia de una realidad limitada, pero profunda, es lo que alcanza difusión verdadera y auténtica perennidad. Eso es lo que en los pueblos ocurre con lo que, un tanto a la ligera, se llama "lo típico". En lo típico puede haber mucho de anécdota intrascendente. Pero puede estar allí también lo que constituye la raíz profunda de la personalidad de ese pueblo. Y ese genuino tipicismo, que no puede ser más limitado ni más local, es, sin embargo, lo que en una comunidad de hombres hay de fuerte, de duradero, es decir, con todas sus limitaciones, de universal" (7). Para Marañón, los conventos de monjas de Toledo era lo más universal que se le podía ocurrir.

Del mismo parecer es nuestro Emilio Alarcos cuando en su prólogo a un trabajo clásico y pionero sobre toponimia asturiana decía así: "Una vez más, como gustaba decir Unamuno, el ahondamiento en lo particular, por llegar a las raíces, alcanza mayor universalidad que las ambiciosas síntesis generales" (8). Para mí, modestamente, lo más universal de Asturias son los requexos, la unión peculiar, y apabullante, de geografía e historia que nos hace tener a todos, al lado de casa, una Covadonga particular y verdadera, donde en un "angosto recinto unánime" como dijo Ortega, se mezclan trasgos y ánimas, hombres y trabajos, leyendas e historias, presididos siempre por una explendorosa naturaleza.


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