REVISTA CULTURAL DE LA ASOCIACIÓN "AMIGOS DEL PAISAJE DE VILLAVICIOSA"
PUEBLO EJEMPLAR DE ASTURIAS 1991
Año XII - Nº 28 - Septiembre 1996

Caveda y su maestro Bruno Fernández Cepeda

Xuan Busto Cortina

Cuando me propuse adentrarme en la obra y personalidad de José Caveda y Nava, de esto hace casi ya dos años, no podía suponer que fuera a iniciar una empresa de tal complejidad y calado. Me era entonces bien conocida su obra filológica representada por la Colección de poesías en dialecto asturiano (Oviedo, 1839) y sus poesías, publicadas como anónimas en la misma Colección; más superficialmente otros títulos de su abigarrada bibliografía sobre arte, arquitectura, geografía e historia. De la importancia de éstos daban cuenta, artículos y libros a él dedicados, y tamién algunas reediciones de trabajos suyos tanto inéditos como impresos. Comencé pues a realizar una catalogación de su obra que tuviera en cuenta estas novedades pero basándome en la primera realizada por Fermín Canella, confrontándola con la relación de manuscritos de su propiedad que se hiciera en 1780, la cual se halla en la Biblioteca Asturiana del Padre Patac. Después de buscar en las bibliotecas de las tres Reales Academias de las que fue miembro, de consultar diversos archivos de Madrid, Santander, Oviedo y Gijón, podía ofrecer ya un cuadro más completo de una obra que, día a día, pugnaba por acrecentarse. En el curso de estas investigaciones tuve la fortuna de indagar en la biblioteca de D. Joaquín García Samaniego, quien con total generosidad me facilitó su consulta. Comprobé entonces que me hallaba ante gran parte de lo que fueron los fondos manuscritos de la biblioteca de José Caveda y Nava a que antes me referí, y comencé a realizar la catalogación de dicha biblioteca, tarea aún no concluída.

Sólo después de examinar el rico legado de su obra inédita, se estará en condiciones de afrontar con posibilidad de éxito el estudio de un personaje de la altura intelectual de Caveda, de quien se puede decir que fue el lucernario donde se conservó el espíritu de la Ilustración, universalmente representado desde Asturias por Jovellanos. Una de las preocupaciones comunes a ambas personalidades fue, sin duda alguna, el conocimiento y la dignificación de la llingua asturiana. Los trabajos filológicos, entre otras iniciativas más ambiciosas, de Jovellanos son de sobra conocidos. En ellos Jovino supo implicar a algunos intelectuales como Carlos González de Posada o como Francisco de Paula Caveda y Solares, padre de José Caveda. La muerte temprana de unos, las dificultades sufridas por otros impidieron que los objetivos se alcanzasen. En este sentido se expresa el profesor Ruiz de la Peña:

La suerte de las ideas de Jovellanos estaba echada y ninguna de sus iniciativas, por las que tanto había luchado desde que había fijado su residencia en el Principado, llegaría a cuajar en logros duraderos.

Habiendo tenido por maestro de primeras letras al poeta bable Bruno Fernández Cepeda, completada su formación en Madrid con su tía Rita, poetisa que ocasionalmente también se expresa en asturiano, habiendo colaborando también con el Instituto Asturiano donde se hallaban copias de autores asturianos, Caveda se dispone a acercarse al dialecto asturiano de la mano de Jovellanos pero también de su padre Francisco de Paula, cuya obra inédita, sobre todo su Diccionario de asturiano, conocía de cerca. Poseedor de una gran bagaje de conocimientos en los que se incluyen los principales trabajos filológicos realizados hasta esa fecha (Martínez Marina, Vargas Ponce, Juan Andrés, Hervás y Panduro, etc.), Caveda redacta en 1824 un Discurso preliminar sobre el asturiano que es el germen del que aparecerá al frente de su Colección. Si en la versión impresa en 1839 la información sobre los autores antologados se reduce a unas pocas notas, la manuscrita va a dedicar algunas páginas al gran poeta asturiano del siglo XVII, Antón de Marirreguera. Entre otros papeles manuscritos que llevan por título Noticia de los manuscritos de la biblioteca del Real Instituto Asturiano se encuentran algunos apuntes que debieron servirle para elaborar dicha biografía. Junto a estos se hallan epígrafes dedicados a otros autores, que no pasaron a esa redacción de 1824. Son casi todos notas breves, que poco dicen sobre estos autores (Belnaldo de Quiros, Balvidares, Xosefa Xovellanos), pero al llegar a su primer maestro, Bruno Fernández, Caveda se permite demorarse en comentarios y trancripciones de fragmentos que evidentemente él conocía muy bien pues poseía los textos autógrafos que el inspirado dómine enviaba a la familia que entonces se hallaba en Madrid.

Me ha parecido de interés en este año cavediano publicar la trascripción de estos comentarios, llenos de benevolencia, que Caveda dedica a aquél a quien de niño debió oir rimar en asturiano. Como en otro lugar señalo, Cepeda no formaba parte en sentido estricto de la generación de poetas bables que surgen en el círculo de Jovellanos (su hermana Josefa, Balvidares, Ahúja, y Villar Fuertes), pues ninguna relación de amistad o de intercambio directo de ideas parece unirle a ellos. Hay además, en la producción de éste, aspectos que lo separan de la de aquéllos (rechazo de los temas clásicos y bíblicos, o de la poesía satírica continuadora de Marirreguera), y por ello sus poesías tienen un estilo mucho más individual y propio. Su estilo, en definitiva, tampoco coincidía mucho con los gustos de Caveda, quien desde su estética romántica y su elevada educación artística, se hallaba muy alejado del estilo, un tanto tosco de Cepeda. Sin embargo Caveda, incluirá a Cepeda en su antología rechazando a otros autores, lo que hará que a partir de entonces este poeta vaya a ser tenido entre los grandes y recordado por la posteridad. Fue éste sin duda un hermoso gesto de gratitud de Caveda para con su primer maestro.

POESÍAS DE DN BRUNO FERNÁNDEZ

"Las poesías bables de este sacerdote son tan desconocidas como él mismo. Criado en el campo, acostumbrado al lenguaje de los aldeanos, a sus frases particulares, a ceñirse a muchos de sus usos, pudo retratarlos perfectamente, cuando recibió otra educación, y su genio le condujo al estudio de las humanidades. En efecto, su gusto particular era entregarse en la poesía, aplicándola a nuestro idioma vulgar, y en este género sólo podría merecer el nombre de Poeta; pues cuando escribía en castellano, sobre dejarse llevar de un gusto fornicado en los malos poetas del tiempo de la corrupción de nuestra poética, parecían sus versos lánguidos y fastidiosos, su locución cansada, su estilo hinchado y demasiado culto, de manera que puede decirse que entonces se transtornaba su numen y que le abandonaba el genio, las sales y la intención. Escribiendo en asturiano supo formarse un lenguaje fácil y armonioso y hacer los versos numerosos; pero siempre compuso en verso romancesco, sin que hubiese usado del endecasílabo, aun en composiciones donde, por su argumento, no vendría mal. Él hizo consistir particularmente el realce de sus composiciones en valerse de términos raros y de los más asturianos, que tal vez no tuviesen equivalente en castellano, y de frases y maneras propias del concejo de Villaviciosa que hiciesen ver la afluencia y la riqueza de esta lengua, pero esto que alguna vez parece bien, siendo muy repetido, llega a ser afectación y a cansar. Pecan por otra parte en la demasiada redundancia de expresiones, para decir una misma cosa, y en la pobreza de la invención. Por lo demás, tienen mucha gracia y pintan muy al vivo las pasiones, el genio, las maneras y la franqueza de nuestros aldeanos, sin que les falte de los versos fluidez y fortaleza. Escribió, entre otras, estas obras:

[1] Varias cartas en prosa a sus amigos, que no tiene otro valor que la peculiaridad y lo raro de la fuerza de las palabras.

[2] Felicitación a un amigo en sus días. Es un romance corto pero muy bueno. Supone el poeta que habiéndose quedado dormido en un sitio delicioso que solía frecuentar, soñó se hallaba en un salón magníficamente adornado, cuya descripción hace, y que cuando se entretenía en admirar sus muebles, entra su amigo que le informa donde se halla y que todo el aparato que observa es con el motivo de celebrar los días de su esposa, y esta se presenta poco después. Va a felicitarla, un dolor le despierta al mismo tiempo, y se encuentra muy lejos del sitio donde quisiera transportarse. Para conocer toda la ternura de algunos pasajes de esta poesía, era preciso conocer la estrecha amistad que unía al Sr. Fernández con la familia de que habla y conocer su sensibilidad y la sencillez de sus entretenimientos. Así cuando supone que le ve un niño a quien divertía enseñándole las páginas de un libro, supone que éste le dice admirándose de verle con sus padres:

Entre aquestes y otres coses
entra Antonín, y mio vista
tanta ñovedá-y causó
que el probiquín, de alegría
enpapiella, y los güeinos
allimpia cola manguina.

Dempués mirándome en tientes,
saltando per min, decía:

- Señor, Vusted (ño lo creo),
¿ye Don Bruno el de la Villa,
que me enseñaba los santos
en casa de mio güelina?
Deme un abrazu, por Dios,
toma mio alma querida.

- Xesús, ¿vusted en mio casa?
non creí velu en mio vida.
Pos quien sepia solliviar
una espresión tan sencilla
a un neñín, considere
esti pasu non sería
para min de los más tienros
de cuantos la hestoria escriba.


Bruno Fernández Cepeda, dibujado por José Cuevas

[3] El carácter del asturiano. De este romance solo he visto un fragmento que el mismo autor inserta en una carta a un amigo suyo, a quien hablaba de esta composición asegurándole había escrito mucho sobre esto. Dice así:

A quién non carrallará
les tripes, fégadu y bazu...
Ser un paisanu Quixote,
que viéndose llevantadu
ye oriscu, ye tuzarón
y en todo tan esforzadu
que aventará de un soplidu
al amigu más pintadu,
y quier más fer una gracia
a cualquier fíu del diablu
que al fíu del so vecín
que lu sirvió a todu trapu.

A quién ñon amolará
ver de cresta llevantadu
un pobrete que ñació
entre felechu y morgazu,
faxadu en males mantielles
y males calles, y añadu
en un infeliz trubiecu
y acasu acasu en un sardu,
que porque-y sopló la brisa
porque-y pintó el marabayu,
ñin amor al convecín,
ñi a so padre, ñin so amu
antes fora una traición
a San Pedru y San Pablu.

A quién ñon xeringará, etc.

[4] Otro romance, en que describe una enfermedad que tuvo, escribiendo a una amiga, a escepción de algunos trozos, vale poco y carece de invención y las imágenes nada tienen de gracioso, manifiesta sin embargo cuanto conocimiento tenía el Sr. Fernández de nuestra lengua y que había hecho un gran acopio de los más particulares de sus términos. Puede verse en este pasaje:

con emplastos me taracen,
con gataplasmes me afriellen,
con parches me destapinen,
con cantarigues me esfuellen,
con otres mil maniobres
de Diocleciano bizñetes
con que a un enfermu estiñacen,
esñicen y descorteyen, etc.

Entre dimes y diretes,
me esfarrapen a sangríes,
me destozinen a esfriegues,
me chamusquen a ventoses,
con baños me despelleyen,
con xiringazos me esfonden,
con supedáneos de tueyen,
con agües me desbauticen
con untures me esfelpeyen.

Vista interior de la iglesia de Santa María del conceyu parroquial de Villaviciosa. Bruno Fernández fue capellán de la capellanía de San José y Sta. Teresa de Jesús
A. del Fresno  

[5] Representación cómica, de las Montañas del Principado. Es un diálogo entre un cortesano, una dama asturiana y su criada. En él se ha propuesto su autor dar una noticia de las glorias de Asturias y de sus producciones. De lo primero da razón la dama versada en la historia y de lo segundo la criada aldeana. Ambas se empeñan en sacar de su error al cortesano, que había formado un falso concepto de Asturias suponiéndola tierra infecunda y sin cultura, y a sus habitantes montaraces y estúpidos. Si prescindimos del insulso papel de éste, lleno de versos cansados y sin alma, y de la pedantería y la ridícula cultura de la dama, es esta una pieza muy buena. Cuanto dice la aldeana que es la única que se espresa en su idioma bable, tiene mucha verdad y gracia, y aquella facilidad que da tanto realce a la espresión poética, como que no tiene un verso violento. Todo su papel sabe a la rusticidad que caracteriza nuestros paisanos del campo, sin dejarse de traslucir por eso el talento despejado que los distingue. Ella habla de los granos del país, de sus hortalizas, de sus frutas, de las flores y plantas, de la abundancia de la caza y de la pesca y, en fin, de todo aquello a que pueden extenderse sus conocimientos. Para que pueda formarse un juicio de su manera de espresarse y de la facilidad con que el poeta acomoda en el verso cuanto pretende describir, así como su afluencia y redundancia en las frases propias del país. Véanse estos fragmentos:

1.º

Garbanzos acá non pinten,
quédense como arbeyaca,
pero tenemos arbeyos
y chichos en cualquier faza.
Hai tréboles, archelinos,
ñabos, castañes de Francia,
berces, coliflor, repollos,
cenahories, bonadama,
alcachofes, chirivíes,
berenxenes, verdolaga,
perexil, ayos, cebolles
y, en fin, de toda metralla, etc.

Hai la llebre en cualquier matu,
la perdiz en cualquier bardia,
la arcea en cualquier regón,
el tordu en cualquier rimada,
la corniz en cualquier sucu,
el torcaz en cualquier rama,
el glayu en cualquier camín
y el picu en cualquier furaca, etc.

Ay pescades como borra,
xardón a taca retaca,
congrios a trompa talega,
besugos a farta farta,
meros a teme bonete,
aguyes a batibarra,
morenes a zurri-burri.
Sardina a vela y dexala,
les mielgues a balagares,
cazón y xardes sin tasa,
les rayes a goxa llena,
barbos a disca cargada, etc.

Pero lo mejor de este drama y lo mejor también de lo que he visto del Sr. Fernández es la descripción de los labores en que se entretienen los adeanos, hecha por ella. He aquí algunos de sus pasajes.

Aldeana

Pos allá va lo que sé:
Sé dormir ena mayada
tendida en el santu suelu,
sé curiar una manada,
si se barrunten los llobos, etc.

* * *

Hablando de estas poesías me he detenido de propósito más que en las de otros poetas del mismo género porque son muy poco conocidas. Su autor, por una escesiva desconfianza de si mismo sólo las ha confiado después de mucho tiempo a un número muy corto de sus allegados amigos quienes conociendo su delicadeza, sin duda, no las habían hecho más públicas por no disgustarle".

Hasta aquí el texto de Caveda y Nava.


inicio índice asociación cultura documentación naturaleza paisaje personajes reportaje

© Asociación Amgos del paisaje de Villaviciosa
© 1996 Revista cultural Cubera
Consejo de redacción
Fotomecánica e impresión: GRÁFICAS OVIEDO
Edición web de la revista Cubera
Alojamiento y mantenimiento:
asturweb.com
Mensajes y comentarios:
cubera@asturweb.com
Diseño y producción edición web: Roberto Valdés


CUBERA
Asociación "Amigos del Paisaje de Villaviciosa"